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La Fibromialgia se reconoce como un proceso reumático crónico que afecta el aparato locomotor y las partes blandas del cuerpo; se caracteriza por ser un estado doloroso persistente en el tiempo, que no tiene etiología conocida y que deteriora con severidad la calidad de vida y bienestar de quien la padece. Este dolor músculo esquelético crónico y generalizado debe estar presente al menos durante tres meses para ser diagnosticado como Fibromialgia.

En términos generales, la Fibromialgia ataca con dolor a distintos niveles de la Persona, encontrándose dentro de los más comunes, el dolor a nivel neurológico, expresado en cefalea tensional, migraña, dificultad de concentración, fallos en la memoria a corto plazo, mareos e intolerancia al ruido, entre otros. A nivel torácico se presenta como palpitaciones y dolor atípico en el pecho; a nivel digestivo puede generar colon irritable y pirosis (sensación de acidez); a nivel genitourinario se manifiesta con menstruaciones dolorosas, incontinencia urinaria y polaquiuria o necesidad recurrente de orinar durante el día y/o la noche. El dolor crónico se presenta en un nivel osteomuscular como dolor plantar, talalgia o dolor del talón, dolor temporo mandibular, síndrome de Raynaud o sensación de tumefacción y, finalmente, a nivel psicológico se manifiesta como depresión y ansiedad.

El tratamiento para esta afección debe ser multidisciplinario y basado en el modelo biopsicosocial, por lo que se sugiere apoyar el manejo del dolor con fármacos estabilizadores del ánimo, benzodiacepinas y analgésicos; terapia física como ejercicio físico, masajes y quiropraxia y por sobre todo, terapia psicológica, la cual busca apoyar y acompañar al paciente orientándolo hacia el conocimiento de la dimensión sensorial – discriminativa del dolor o cómo define la intensidad del mismo en un período de tiempo y espacio determinados; dimensión motivacional – afectiva, que busca conocer cómo vivencia el paciente el dolor en torno a las emociones que experimenta en los momentos críticos y la dimensión cognitivo – evaluativa, que intenta conocer los pensamientos que surgen al sentir dolor.

La psicoterapia es una herramienta necesaria en el abordaje de la Fibromialgia, hace el reconocimiento de la enfermedad, validando el sentir del paciente; hecho que ya lo hace considerarse acompañado y aliviado, mejorando su disposición para buscar estrategias de autoconocimiento y afrontamiento de sus síntomas desde una perspectiva de prevención y autocuidado. Junto con esto, en aquellos pacientes con sintomatología crítica, la terapia psicológica y la terapia familiar surgen como fortalecedoras de la relación familiar, ya que la manera en que las personas cercanas al paciente (familia, amigos) manejen las situaciones, aborden el conflicto y generen vínculos de apoyo con él, hará más llevadero el dolor y ayudara a quitar el estigma asociado a este síndrome.